lunes, 29 de marzo de 2010

Marte para los marcianos

Hoy me desperté y solo tenía championes para ponerme. Busque por todos lados y no encontraba los zapatos del trabajo. No estaba en casa. Camisa, corbata y championes? No en mi trabajo. Revolví entre las cosas de mi hermano y encontré un par de zapatos de casamiento. Ese fue el comienzo de un mal día.

En un principio creí que no iba a ser tan difícil estar en los zapatos de alguien más. En la oficina les conté a todos acerca de mi torpeza, de cómo había olvidado en alguna parte los zapatos, aunque yo mismo no comprendiera como algún tipo de agujero negro se hubiese tragado mis formales zapatos de oficinista barato. Pero mis compañeros me miraban raro, reflejan mi estupidez en sus caras. Nada tenia de fantástico para ellos que yo perdiese mis zapatos o que comenzara a sufrir en los zapatos de otro. Me hacían sentir un desubicado por no traer los míos.

Mientras me encontraba frente a la computadora, haciendo que trabajaba, la cuestión no era demasiado molesta. Apenas un poco de presión. Todo se tornaba mucho mas complicado al caminar, la presión aumentaba y podía sentir como las uñas se doblaban hacia dentro.

La tarea de estar en los zapatos de otro no era tan fácil. Pero que había pasado con los míos. Se trataba de una simple desaparición? Pedí ayuda y conté lo que me pasaba. No conseguí respuestas demasiado serias y si unas cuantas burlas. No comprendía si los otros jamás se habían puestos en los zapatos de alguien más o simplemente se trataba de la seguridad universal de transitar con los zapatos propios. No creo, demasiados hipócritas juntos como para darse de seguros. Acaso siempre estuvieron cómodos en sus zapatos. Cuando conseguirían calzar directamente donde mas se sintieran cómodos? Tal vez repartan en algún lugar, una zapatería social, lo que a cada uno le corresponde. Yo no había pasado por ahí. Alguien me hablo de un juego de roles, de intercambiar los zapatos en los que estábamos diariamente y probar otros, distintos, diferentes. Zapatos más grandes, raros, de colores y hasta altos y con los dedos para afuera, como para sentir el fresquito. Pero a mi los míos solo me apretaban, me sofocaban cuanto mas pasaba el tiempo. Me tropezaba, perdía el equilibrio. La gente me miraba caminar en la calle, quizás todos se dieran cuenta que no eran mis zapatos, pero que sabían, como pueden darse cuenta que uno no calza sus zapatos. Cuales son mis zapatos? Llegue a casa, pero no a mi casa y me descalce, se sentía mucho mejor.

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