El artista y la modelo,
comienzan tejiendo
una relación por conveniencia.
Ambos necesitan uno del otro.
El artista y la modelo,
comienzan a recorrer el camino,
lado a lado,
hasta tomarse de la mano.
El artista cree conocer toda la verdad
sobre el mundo exterior
y quizás, en parte, así sea.
Egoísta. Ahora solo importa su arte.
La modelo, rebelde
desconoce el arte,
simplemente vive su desnudez
en busca de libertad.
El artista y la modelo.
Dios inventó primero a la mujer,
el Génesis es pura mentira.
Como no enamorarse,
de la musa que te inspira.
miércoles, 26 de junio de 2013
lunes, 17 de junio de 2013
Grados
Que grado de locura
tendré para que me quieras.
Si existiera una escala,
que mida la locura, sin saber
con que comparar
espero que estemos cerca,
mas, menos, muy poco,
al menos lo necesario
para tomarnos de la mano.
tendré para que me quieras.
Si existiera una escala,
que mida la locura, sin saber
con que comparar
espero que estemos cerca,
mas, menos, muy poco,
al menos lo necesario
para tomarnos de la mano.
martes, 2 de abril de 2013
Jirafa
No sabía que
regalarte
y te traje
esta jirafa,
para que
alcances la luna
y te la comas
y una vez a oscuras,
hablaremos.
regalarte
y te traje
esta jirafa,
para que
alcances la luna
y te la comas
y una vez a oscuras,
hablaremos.
Ojo de pez.
Puedo ver,
a través del vaso
por los ojos
de pescado.
La boca triste.
Ojos cegados, color plata,
que solo proyectan
un reflejo
de lo que ven
y una mueca,
que no solo es
triste,
además duele.
a través del vaso
por los ojos
de pescado.
La boca triste.
Ojos cegados, color plata,
que solo proyectan
un reflejo
de lo que ven
y una mueca,
que no solo es
triste,
además duele.
sábado, 16 de febrero de 2013
Mil veces
Puedo recordarte
mil veces
con la memoria de mis
manos.
Ellas
conocen tus caminos
donde ir, donde girar
y a donde volver.
Donde nunca pueden faltar.
Pero saben que la memoria
no alcanza
y te necesitan.
mil veces
con la memoria de mis
manos.
Ellas
conocen tus caminos
donde ir, donde girar
y a donde volver.
Donde nunca pueden faltar.
Pero saben que la memoria
no alcanza
y te necesitan.
Umbrella
Mujer del paraguas rojo,
solo proteges tu cabeza.
Tu cuerpo desnudo,
invita a descubrirte.
No hay tormenta.
Mujer del paraguas rojo,
solo podré alcanzarte,
cuando tu tormenta cese
y el paraguas guardes.
solo proteges tu cabeza.
Tu cuerpo desnudo,
invita a descubrirte.
No hay tormenta.
Mujer del paraguas rojo,
solo podré alcanzarte,
cuando tu tormenta cese
y el paraguas guardes.
La nada
Apuesto a esto,
a esto que es nada
y es menos.
Es química,
transformación, deseo.
La nada completa,
donde surge todo.
Acompañame.
a esto que es nada
y es menos.
Es química,
transformación, deseo.
La nada completa,
donde surge todo.
Acompañame.
Hormiga
No te conozco
pero ya te extraño.
Siento tu falta
en mi cama.
Donde nunca te acostaste.
A mi lado.
Tengo necesidad de tu espalda,
para mi recorrido de hormiga.
pero ya te extraño.
Siento tu falta
en mi cama.
Donde nunca te acostaste.
A mi lado.
Tengo necesidad de tu espalda,
para mi recorrido de hormiga.
sábado, 2 de febrero de 2013
Aturde.
Hoy es un día de mucho miedo.
Alguien sabe que estoy haciendo?
Necesito respuestas.
Que alguien grite!
El silencio me aturde en mi cabeza.
Buscando secreto.
Un secreto buscando tu simple mirada.
Mi loca terapia, necesito morder.
Contigo, desnudo espero mujer,
mañana llámame.
Falta tiempo.
Nada.
Se siente solo,
como un sonido que
va y viene.
En silencio
Aturde.
Da miedo.
Espero que en algún momento
el ruido desaparezca.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Pretensiones 1
Dos personas en un bar
no hacen mas que pretender algo
una de la otra.
Dos amigos compartiendo el tiempo
no hacen mas que pretender algo
uno del otro.
Dos amantes en la cama
hacen solo un poco mas
que pretender algo
de su amante.
no hacen mas que pretender algo
una de la otra.
Dos amigos compartiendo el tiempo
no hacen mas que pretender algo
uno del otro.
Dos amantes en la cama
hacen solo un poco mas
que pretender algo
de su amante.
Pretensiones 2
Somos tan egoístas
que nos desilusionamos, enojamos y hasta
nos sentimos traicionados,
cuando no recibimos lo que queremos,
cuando no recibimos nuestro botín de pretensiones
que valen mas que el mismo oro.
Pretendo no ser cuestionado, indagado y ni siquiera querido
a fin de no desilusionar a quien pretenda algo que no puedo
ni quiero dar,
es demasiado.
que nos desilusionamos, enojamos y hasta
nos sentimos traicionados,
cuando no recibimos lo que queremos,
cuando no recibimos nuestro botín de pretensiones
que valen mas que el mismo oro.
Pretendo no ser cuestionado, indagado y ni siquiera querido
a fin de no desilusionar a quien pretenda algo que no puedo
ni quiero dar,
es demasiado.
Invisible
No te alcanzaba tanto amor
tú amor no alcanzaba
tú revolución no alcanzaba
peleaste, cortaste, atacaste
y volviste a ser la misma niña,
entonces decidiste ser invisible.
tú amor no alcanzaba
tú revolución no alcanzaba
peleaste, cortaste, atacaste
y volviste a ser la misma niña,
entonces decidiste ser invisible.
sábado, 21 de abril de 2012
Matar un elefante, por George Orwell
En Moulmein, en la Baja Birmania, fui odiado por un gran número de personas; se trató de la única vez en mi vida en que he sido lo bastante importante para que me ocurriera eso. Era subcomisario de la policía de la ciudad y allí, de un modo carente de objeto y trivial, el sentimiento antieuropeo era enconado. Nadie tenía agallas para promover una revuelta, pero si una mujer europea paseaba sola por los bazares, seguro que alguien le escupía jugo de betel al vestido. Como policía, yo era un blanco evidente y me atormentaban siempre que parecía seguro hacerlo. Si un ágil birmano me ponía la zancadilla en el campo de fútbol y el árbitro (otro birmano) hacía la vista gorda, la multitud estallaba en sardónicas risas. Eso sucedió más de una vez. Al final, los socarrones rostros amarillos de los chicos que me encontraba por todas partes, los insultos que me proferían cuando estaba a suficiente distancia, me alteraron los nervios. Los jóvenes monjes budistas eran los peores. En la ciudad los había a millares y ninguno parecía tener más ocupación que apostarse en las esquinas y mofarse de los europeos.
Todo esto era desconcertante y molesto. Por aquel entonces yo había decidido que el imperialismo era un mal y que cuanto antes me deshiciera de mi trabajo y lo dejara, mejor. En teoría — y en secreto, por supuesto — estaba totalmente a favor de los birmanos y totalmente en contra de sus opresores, los británicos. En cuanto al trabajo que desempeñaba, lo odiaba con mayor encono del que tal vez logre expresar. En una ocupación como ésa se presencia de cerca el trabajo sucio del imperio. Los desgraciados prisioneros hacinados en las jaulas malolientes de los calabozos, los rostros grises y atemorizados de los convictos con condenas más largas, las nalgas laceradas de los hombres que han sido azotados con cañas de bambú; todo eso me oprimía con un insoportable cargo de conciencia. Pero no podía ver la dimensión real de las cosas. Era joven, no tenía muchos estudios y me había visto obligado a meditar mis problemas en el absoluto silencio que le es impuesto a todo inglés en Oriente. Ni siquiera sabía que el Imperio Británico agoniza, y menos aún que es muchísimo mejor que los imperios más jóvenes que van a sustituirlo. Todo cuanto sabía era que me encontraba atrapado entre el odio al imperio al que servía y la rabia hacia las bestiecillas malintencionadas que intentaban hacerme el trabajo imposible. Una parte de mí pensaba en el Raj británico como en una tiranía inquebrantable, un yugo impuesto por los siglos de los siglos a la voluntad de pueblos sometidos; otra parte de mí pensaba que la mayor dicha imaginable sería hundir una bayoneta en las tripas de un monje budista. Sentimientos como éstos son los efectos normales del imperialismo; que se lo pregunten si no a cualquier oficial angloindio, si se lo puede pescar cuando no está de servicio.
Un día sucedió algo que, de forma indirecta, resultó esclarecedor. En sí fue un incidente minúsculo, pero me proporcionó una visión más clara de la que había tenido hasta entonces de la auténtica naturaleza del imperialismo, de los auténticos motivos por los que actúan los gobiernos despóticos. A primera hora de la mañana, el subinspector de una comisaría del otro extremo de la ciudad me llamó por teléfono y me dijo que un elefante estaba arrasando el bazar. ¿Sería tan amable de acudir y hacer algo al respecto? No sabía qué podía hacer yo, pero quería ver lo que ocurría, así que me monté en un poni y me puse en marcha. Me llevé el rifle, un viejo Winchester del 44 demasiado pequeño para matar un elefante, pero pensé que el ruido me sería útil para asustarlo. Varios birmanos me detuvieron por el camino y me contaron las andanzas del animal. Por supuesto, no se trataba de un elefante salvaje, sino de uno domesticado con un ataque de «furia». Lo habían encadenado, como hacen siempre que un elefante domesticado va a tener un ataque de «furia», pero la noche anterior había roto las cadenas y se había escapado. Su mahaut, la única persona que sabía cómo tratarlo cuando estaba en aquel estado, había salido en su busca, pero había errado el camino y se encontraba a doce horas de viaje. Por la mañana, el elefante había irrumpido de pronto en la ciudad. La población birmana no tenía armas y se veía bastante indefensa ante el animal. Ya había destrozado la choza de bambú de alguien; había matado una vaca, asaltado varios puestos de fruta y devorado la mercancía; también se había encontrado con el furgón municipal de la basura y, nada más bajar el conductor de un salto y poner pies en polvorosa, había volcado el vehículo y arremetido violentamente contra él.
El subinspector birmano y algunos agentes de policía indios me estaban esperando en el barrio en que había sido visto el elefante. Se trataba de un barrio muy pobre, un laberinto de sórdidas chozas de bambú con tejados de palma que se extendía sobre la escarpada ladera de una colina. Recuerdo que era una mañana nublada, bochornosa, al principio de la estación de las lluvias. Empezamos a interrogar a la gente acerca de qué dirección había tomado el elefante y, como de costumbre, no logramos obtener ninguna información concreta. Eso es lo que ocurre en Oriente sin excepción; una historia siempre parece estar clara a cierta distancia, pero, cuanto más te acercas al lugar de los hechos, más confusa se vuelve. Algunas personas decían que el elefante se había ido en una dirección, otras afirmaban que había tomado una dirección distinta, otras manifestaban no haber oído hablar siquiera de ningún elefante. A punto estaba de creer que toda la historia no era más que una sarta de mentiras cuando oímos unos gritos no muy lejos de allí. Fue un berrido agudo y horrorizado de: «¡Fuera de ahí, niño! ¡Fuera de ahí enseguida!», y una vieja con una vara en la mano apareció de detrás de una choza, espantando con violencia a un montón de niños desnudos. La seguían algunas mujeres más, haciendo chascar la lengua y dando voces; era evidente que había algo que los niños no deberían haber visto. Rodeé la choza y vi el cadáver de un hombre que yacía extendido sobre el fango. Era un indio, un culí drávida negro, medio desnudo; no podía llevar muerto muchos minutos. La gente decía que, de repente, al doblar la esquina de la choza, el elefante se había abalanzado sobre él, lo había agarrado con la trompa, le había puesto la pata sobre la espalda y lo había enterrado en el suelo. Era la estación de las lluvias, el terreno estaba blando y su cara había dibujado una zanja de dos palmos de hondo y un par de metros de largo. Estaba boca abajo con los brazos en cruz y la cabeza bruscamente torcida hacia un lado. Tenía el rostro cubierto de fango, los ojos desorbitados, los dientes a la vista y apretados en una mueca de insoportable tormento. (Por cierto, que nadie me diga jamás que los muertos tienen una expresión apacible. La mayoría de cadáveres que he visto tienen un aspecto infernal.) La fricción de la pata de la enorme bestia le había arrancado la piel de la espalda con la misma pulcritud con que se desuella un conejo. En cuanto vi al muerto mandé a un ordenanza a la casa cercana de un amigo en busca de un rifle para elefantes. Ya había enviado de vuelta el poni, porque no quería que enloqueciera de miedo y me tirara al suelo si olía el animal.
El ordenanza regresó al cabo de unos minutos con un rifle y cinco cartuchos. Mientras tanto habían llegado algunos birmanos y nos habían dicho que el elefante se encontraba en los arrozales de más abajo, a sólo unos cientos de metros. Al emprender la marcha, casi toda la población del barrio salió de sus casas y me siguió en tropel. Habían visto el rifle y exclamaban emocionados que iba a matar el elefante. No habían mostrado mucho interés en el animal cuando se limitaba a arrasar sus hogares, pero era diferente ahora que lo iban a matar. Para ellos se trataba de un momento de diversión, igual que lo habría sido para un público inglés. Además, querían la carne. Aquello me hizo sentir un poco incómodo. No tenía intención de matarlo -tan sólo había ordenado que trajeran el rifle para defenderme en caso de necesidad- y siempre resulta enojoso que te siga una multitud. Me dirigí colina abajo, con apariencia y sensación de idiota, el rifle echado al hombro y un creciente ejército de personas empujándose tras de mí. Una vez abajo, cuando las chozas quedaban atrás, había un camino de grava y, más allá, una lodosa extensión de arrozales de casi un kilómetro de ancho, aún sin arar, pero empapada por las primeras lluvias y salpicada de malas hierbas. El elefante estaba a unos ocho metros del camino, dándonos el flanco izquierdo. No le hizo ningún caso a la multitud que se acercaba. Arrancaba manojos de hierba, los golpeaba contra las rodillas para limpiarlos y luego se los llevaba a la boca.
Me había detenido en el camino. En cuanto vi el elefante tuve la absoluta certeza de que no debía matarlo. Matar un elefante útil para el trabajo es algo serio —es comparable a destruir una máquina enorme y cara— y claro está que no debe hacerse si hay forma de evitarlo. Además, a aquella distancia, comiendo apaciblemente, el elefante no parecía más peligroso que una vaca. Pensé entonces, y pienso ahora, que el ataque de «furia» ya se le estaba pasando, en cuyo caso se limitaría a vagar de forma inofensiva hasta que regresara el mahaut y lo capturara. Es más, no tenía la menor intención de dispararle. Decidí que lo observaría durante un rato para asegurarme de que no volvía a enloquecer y luego me iría a casa.
Sin embargo, en aquel momento miré alrededor, a la multitud que me había seguido. Era un grupo numeroso, de al menos unas dos mil personas, y crecía a cada minuto. Bloqueaba un largo tramo del camino en ambas direcciones. Contemplé ese mar de rostros amarillos sobre los ropajes chillones; semblantes felices y exaltados por ese instante de diversión, convencidos de que iba a matar el elefante. Me miraban como habrían mirado a un prestidigitador a punto de realizar un truco. Yo no les gustaba, pero con el rifle mágico entre las manos valía la pena mirarme por un momento. Y de repente me di cuenta de que al final tendría que matarlo. La gente esperaba que lo hiciera y debía hacerlo; sentí sus dos mil voluntades empujándome a actuar, de modo irresistible. Y fue en ese instante, estando ahí con el rifle en las manos, cuando comprendí por primera vez la vacuidad, la futilidad del dominio del hombre blanco en Oriente. Ahí estaba yo, el hombre blanco con su rifle, ante la multitud nativa desarmada, el presunto protagonista de la obra; pero, en realidad, no era más que una absurda marioneta manipulada por la voluntad de aquellos rostros amarillos que tenía detrás. Entendí en ese momento que, cuando el hombre blanco se vuelve un tirano, es su propia libertad la que destruye. Se convierte en una especie de monigote hueco y afectado, la figura estereotipada de un sahib. Porque es condición de su gobierno pasar la vida intentando impresionar a los «nativos», y por eso en cualquier crisis debe hacer lo que los «nativos» esperan de él. Se pone una máscara, y su rostro acaba por adaptarse a ella. Tenía que matar el elefante. Me había comprometido a hacerlo cuando mandé a buscar el rifle. Un sahib debe actuar como tal; debe parecer resuelto, saber lo que piensa y tomar decisiones. Haber recorrido todo ese camino, rifle en mano, con dos mil personas desfilando tras de mí, y alejarme luego sin más, sin haber hecho nada… no, eso era imposible. La multitud se reiría de mí. Y toda mi vida, la vida de todo hombre blanco en Oriente, era una larga lucha para evitar que se rieran de uno.
Sin embargo, no quería matar el elefante. Lo contemplé mientras golpeaba su manojo de hierba contra las rodillas, con ese aire de abuela ensimismada que tienen los elefantes. Me parecía que matarlo sería un asesinato. A mi edad no tenía ningún reparo en matar animales, pero nunca había disparado contra un elefante ni había tenido nunca ganas de hacerlo. (No sé por qué siempre parece peor matar un animal grande.) Además, había que tener en cuenta a su dueño. Vivo, el elefante valía por lo menos cien libras; muerto, sólo valdría lo que dieran por sus colmillos, quizá cinco libras. Pero debía actuar con rapidez. Me dirigí hacia unos birmanos que parecían tener cierta experiencia y que ya estaban allí cuando llegamos, y les pregunté cómo se había comportado el elefante. Todos respondieron lo mismo: no te hacía ningún caso si lo dejabas en paz, pero podía atacar si te acercabas demasiado.
Tenía perfectamente claro lo que debía hacer. Debía acercarme, digamos, a unos veinticinco metros del elefante para poner a prueba su comportamiento. Si atacaba, podía disparar; si no me prestaba atención, resultaría seguro dejarlo tranquilo hasta que regresara el mahaut. Sin embargo, también sabía que no iba a hacer tal cosa. No era muy bueno con el rifle y el suelo era un fango blando en el que te hundías a cada paso. Si el elefante atacaba y erraba el tiro, tendría más o menos las mismas posibilidades que un sapo bajo una apisonadora. Pero ni siquiera entonces pensaba especialmente en mi pellejo, sólo en los atentos rostros amarillos que tenía detrás. Y es que, en aquel momento, con la multitud observándome, no sentía miedo de la forma habitual, como lo habría sentido de haberme encontrado solo. Un hombre blanco no debe asustarse en presencia de «nativos»; y por eso, en general, no se asusta. Lo único que podía pensar era que, si algo salía mal, aquellos dos mil birmanos me verían perseguido, atrapado, pisoteado y convertido en un cadáver con una mueca en la cara como aquel indio en lo alto de la colina. Y, si eso llegaba a ocurrir, era bastante probable que unos cuantos se rieran. No podía ser.
Sólo quedaba una alternativa. Cargué los cartuchos en la recámara y me eché al suelo en mitad del camino para apuntar mejor. La multitud se quedó en silencio e innumerables gargantas exhalaron un suspiro profundo, grave, emocionado, como el del público que ve por fin alzarse el telón en el teatro. Después de todo, iban a tener su instante de diversión. El rifle era un hermoso artefacto alemán con mira de precisión. Por aquel entonces no sabía que para matar un elefante hay que disparar trazando una línea imaginaria de un oído a otro. Por lo tanto, ya que el elefante se encontraba de lado, debí haber apuntado directamente a un oído; en realidad, apunté varios centímetros por delante, pensando que el cerebro estaría algo avanzado.
Cuando apreté el gatillo no oí la detonación ni sentí el culatazo —eso nunca sucede si el disparo da en el blanco—, pero sí escuché el infernal rugido de júbilo que se alzó de la multitud. En aquel instante, en un lapso de tiempo demasiado breve, habría cabido pensar, incluso para que la bala llegara a su destino, un cambio misterioso y terrible le sobrevino al elefante. No se movió ni cayó, pero se alteraron todas las líneas de su cuerpo. De pronto pareció abatido, encogido, inmensamente viejo, como si el horrible impacto de la bala lo hubiese paralizado sin derribarlo. Al final, después de un rato que pareció larguísimo —me atrevería a decir que pudieron haber sido cinco segundos— le fallaron las rodillas y cayó con flaccidez. Babeaba. Una enorme senilidad pareció apoderarse de él. Podría haberse imaginado que tenía miles de años. Volví a dispararle en el mismo lugar. Al segundo impacto no se desplomó sino que se puso en pie con desesperada lentitud y se mantuvo débilmente erguido, con las patas temblorosas y la cabeza gacha. Realicé un tercer disparo. Ése fue el que acabó con él. Pudo verse cómo la agonía le sacudía todo el cuerpo y le arrebataba las últimas fuerzas de las patas. Al caer, no obstante, pareció por un momento que se levantaba, ya que mientras las patas traseras se doblegaban bajo su peso, se irguió igual que una gran roca al despeñarse, con la trompa apuntando hacia el cielo como un árbol. Barritó, por primera y única vez. Y entonces se vino abajo, con el vientre hacia mí, y produjo un estrépito que pareció sacudir el suelo incluso donde yo estaba tumbado.
Me levanté. Los birmanos ya me habían rebasado y se apresuraban a cruzar el lodazal. Era evidente que el elefante no volvería a levantarse, pero no estaba muerto. Respiraba de forma muy acompasada, con largos y sonoros jadeos, el enorme bulto de su flanco subía y bajaba con dolor. Tenía la boca muy abierta; alcancé a ver las profundas cavernas rosa pálido de la garganta. Esperé durante largo tiempo a que muriera, pero su respiración no se debilitaba. Por último descargué los dos tiros que me quedaban en el lugar donde pensé que estaría el corazón. La sangre espesa manó como terciopelo rojo, pero siguió sin morir. Ni siquiera se estremeció cuando lo alcanzaron los disparos, su torturada respiración continuó sin pausa. Se estaba muriendo, muy despacio y con gran agonía, pero en un mundo alejado de mí en el que ni siquiera una bala podía hacerle ya daño. Sentí que debía poner fin a aquel espantoso sonido. Era espantoso ver a la enorme bestia allí tumbada, incapaz de moverse y, aun así, incapaz de morir, y no lograr siquiera acabar con ella. Mandé a buscar mi rifle pequeño y le descerrajé un tiro tras otro en el corazón y por la garganta. No parecieron causar ningún efecto. Los torturados jadeos continuaron con tanta regularidad como el tictac de un reloj.
Al final no pude soportarlo por más tiempo y me marché. Más tarde oí que había tardado media hora en morir. Los birmanos acarreaban dagas y cestos incluso antes de que me fuese, y me contaron que por la tarde ya lo habían despojado de la carne casi hasta los huesos.
Después, cómo no, hubo interminables conversaciones sobre la muerte del elefante. El dueño estaba furioso, pero no era más que un indio y no pudo hacer nada. Además, según la ley yo había hecho lo correcto, ya que a un elefante loco hay que matarlo, como a un perro loco, si su dueño no consigue dominarlo. Entre los europeos hubo división de opiniones. Los mayores me dieron la razón, los más jóvenes dijeron era una auténtica lástima sacrificar un elefante por haber matado a un culí, porque un elefante era más valioso que cualquiera de esos dichosos culís coringhee. Y después me alegré mucho de que el culí hubiese muerto; así la ley me ponía de su lado y me daba el pretexto suficiente para matar el elefante. A menudo me pregunté si alguno de ellos se dio cuenta de que lo había hecho sólo para evitar parecer un idiota.
martes, 18 de octubre de 2011
RAMON BURGOS
Ramón era hijo de don Tito Ferreira y de doña Isidra Mosqueira.
Criado como todos sus hermano y hermanastros en una total humildad, siendo el río la principal fuente de ingresos, otorgados por una generosa pesca en aquellos tiempos, la caza, le leña de la cual no solo era comercializada como tal, sino también derivándola en carbón como otra alternativa.
Pero toda su vida en el río.
Allí lo conocí, en ese río Hum (denominación de nuestros charrúas) que tanto amamos y seguimos amando quienes a él tornamos siempre en busca de paz, descanso, pesca o un simple chapuzón.
Ramón practicamente muy poco venía al pueblo, por lo que nunca lo había visto por San Gregorio, hasta conocerlo allí, donde era su hábitat.
Corría 1980 y con mi hermano de la vida Artemio Conde, docente del liceo polaqueño, hoy jubilado como Director del mismo, decidimos pasarnos una semanita por el Arroyo Malo y en bote a remo partimos de San Gregorio acompañados de Inocente de los Santos (cuñado de Ramón) y Andrés su hijo.
La bajante del río ese año era muy grande y no pudimos ir mas allá de un lugar llamado Monte Verde que queda en donde desemboca el Malo con el Hum.
Allí estaba Ramón con su padre acampado esperándonos ya con un capibara muerto para degustarlo con nosotros.
La "casa" en donde vivía Ramón, era una aripuca de troncos, tipo indio, atados con un tientode carpincho y rodeado de paja, juncos y ramas.
Ahí vivía. A pocos metros un horno de tierra hecho para quemar leña y hacer carbón que luego cambiaba en lugares cercanos por víveres (que no eran más que tabaco, vino y yerba).
Con Ramón aprendi a cazar carpinchos sin disparar un tiro.
Asombrado lo acompañé en varias oportunidades a cazar un carpincho a pedradas. Sí así como suena.
Su perro (que en el monte le faltaba hablar) iba por tierra, monte adentro hasta traer hacia el arroyo algún peloduro, que al caer al agua, solo un rastreador como Ramón podía "leer" en el zambullón del animal, para que lado agarraba por abajo del agua y remar desenfrenadamente hacia su lugar de palpite y al sacar la cabeza, le llovían dos o tres pedradas y así hacer zambullir hasta cansar el carpincho que luego sacaba la cabeza para respirar cada vez mas cerca del bote y de su afilada chuza que lo terminaba de liquidar. Sin un tiro, un carpincho en el fogón.
Como ésta, mil cosas aprendí con él. Rastreador como nadie y conocedor como pocos del monte (hablo del monte del Malo que tiene varias leguas de ancho y muchos kilometros de largo).
Setiembre de 1986.
Ramón acampaba en la boca del arroyo Sarandí, donde se junta con el Negro.
Hasta ahí llegó don Tito encontrando solo al campamento. Ni bote, ni perro, ni Ramón.
A escasos 500 metros de allí nos encontró remando río arriba en donde nos contó su preocupación al que en el fogón estaba su olla, su caldera, su mate, elementos todos que Ramón llevaría en caso de remar hasta Ramírez a llevar carbón o hasta cualquier otro lugar que le insumiera mas de un día de remada.
No estaba.
A la semana y media, apareció su cuerpo. A escasa cuadra y poco de su campamento.
Había sido fondeado con piedras en el lecho de su propio río, junto a su bote y su perro.
Su cabeza además de una bala calibre 22, presentaba un fuerte golpe con una pesa de hierro (de las utilizadas para "fondear" espineles). Puñalada en el tórax.
Su cuerpo había sido atado a bolsas de plastillera rellenas de piedra para que se lo llevaran al fondo.
Las mismas se rompieron a los días, producto del roce con el fondo pétreo del río y la presión hacia arriba que efectuaba el cuerpo hinchado y descompuesto de Ramón...
Policías de La Paloma de Durazno lo buscaban y fueron quienes encontraron su cuerpo apenas visible entre los sarandices costeros, bajo una persistente lluvia de ese setiembre negro.
Miles de hipótesis.
En esos días fueron apresados por la policía de Tacuarembó 4 ciudadanos brasileños que en sendas camionetas, portaban en freezer acondicionado a tal fin, importante stockde mulitas, perdices y peces de todas las especies.
Era muy común en aquellos días que vinieran brasileros y depredaran vergonzosamente nuestra fauna.
Todos vimos y muy pocos hicieron algo.
Ramón lo hizo, cortó redes, robó trasmallos y espineles y quizás fuera este el principal motivo de la venganza brasilera.
También hay otras versiones. Que los pescadores, gente de río o simplemente "los boteros" no son bien vistos por estancieros.
Lo cierto es que, los brasileros que mencioné arriba recobraron su libertad y partieron a su tierra, sin su carga de presas, pero libres.
Hasta ahí no se sabía de la muerte de Ramón, ni que esas personas, por haber estado por esas horas en la zona (entrarona la estancia que les permitía el acceso hasta el río en la tarde, partiendo por la mañana siguiente).
Eran sospechosos. Solo que la policía se dio cuenta de dicha posibilidad, cuando esta gente hacia varios que estaba Brasil adentro.
Hoy sigue siendo un misterio y su muerte ha quedado impune para siempre.
Las dudas de todos siguen.
De sus amigos, de su familia.
Fueron esos brasileros?
Fueron otros, mandados por otros?
Quizás... Nadie lo determinará ya.
Lo único que queda ahora, es su recuerdo, cuando este próximo 21 de setiembre se cumplan 25 años de su impune muerte y el compromiso que jure cantando... "mientras que no haya justicia, el que no calla soy yo..."
Agosto 2011. EL TIMON (Publicación del SUNTMA/ PIT-CNT
Criado como todos sus hermano y hermanastros en una total humildad, siendo el río la principal fuente de ingresos, otorgados por una generosa pesca en aquellos tiempos, la caza, le leña de la cual no solo era comercializada como tal, sino también derivándola en carbón como otra alternativa.
Pero toda su vida en el río.
Allí lo conocí, en ese río Hum (denominación de nuestros charrúas) que tanto amamos y seguimos amando quienes a él tornamos siempre en busca de paz, descanso, pesca o un simple chapuzón.
Ramón practicamente muy poco venía al pueblo, por lo que nunca lo había visto por San Gregorio, hasta conocerlo allí, donde era su hábitat.
Corría 1980 y con mi hermano de la vida Artemio Conde, docente del liceo polaqueño, hoy jubilado como Director del mismo, decidimos pasarnos una semanita por el Arroyo Malo y en bote a remo partimos de San Gregorio acompañados de Inocente de los Santos (cuñado de Ramón) y Andrés su hijo.
La bajante del río ese año era muy grande y no pudimos ir mas allá de un lugar llamado Monte Verde que queda en donde desemboca el Malo con el Hum.
Allí estaba Ramón con su padre acampado esperándonos ya con un capibara muerto para degustarlo con nosotros.
La "casa" en donde vivía Ramón, era una aripuca de troncos, tipo indio, atados con un tientode carpincho y rodeado de paja, juncos y ramas.
Ahí vivía. A pocos metros un horno de tierra hecho para quemar leña y hacer carbón que luego cambiaba en lugares cercanos por víveres (que no eran más que tabaco, vino y yerba).
Con Ramón aprendi a cazar carpinchos sin disparar un tiro.
Asombrado lo acompañé en varias oportunidades a cazar un carpincho a pedradas. Sí así como suena.
Su perro (que en el monte le faltaba hablar) iba por tierra, monte adentro hasta traer hacia el arroyo algún peloduro, que al caer al agua, solo un rastreador como Ramón podía "leer" en el zambullón del animal, para que lado agarraba por abajo del agua y remar desenfrenadamente hacia su lugar de palpite y al sacar la cabeza, le llovían dos o tres pedradas y así hacer zambullir hasta cansar el carpincho que luego sacaba la cabeza para respirar cada vez mas cerca del bote y de su afilada chuza que lo terminaba de liquidar. Sin un tiro, un carpincho en el fogón.
Como ésta, mil cosas aprendí con él. Rastreador como nadie y conocedor como pocos del monte (hablo del monte del Malo que tiene varias leguas de ancho y muchos kilometros de largo).
Setiembre de 1986.
Ramón acampaba en la boca del arroyo Sarandí, donde se junta con el Negro.
Hasta ahí llegó don Tito encontrando solo al campamento. Ni bote, ni perro, ni Ramón.
A escasos 500 metros de allí nos encontró remando río arriba en donde nos contó su preocupación al que en el fogón estaba su olla, su caldera, su mate, elementos todos que Ramón llevaría en caso de remar hasta Ramírez a llevar carbón o hasta cualquier otro lugar que le insumiera mas de un día de remada.
No estaba.
A la semana y media, apareció su cuerpo. A escasa cuadra y poco de su campamento.
Había sido fondeado con piedras en el lecho de su propio río, junto a su bote y su perro.
Su cabeza además de una bala calibre 22, presentaba un fuerte golpe con una pesa de hierro (de las utilizadas para "fondear" espineles). Puñalada en el tórax.
Su cuerpo había sido atado a bolsas de plastillera rellenas de piedra para que se lo llevaran al fondo.
Las mismas se rompieron a los días, producto del roce con el fondo pétreo del río y la presión hacia arriba que efectuaba el cuerpo hinchado y descompuesto de Ramón...
Policías de La Paloma de Durazno lo buscaban y fueron quienes encontraron su cuerpo apenas visible entre los sarandices costeros, bajo una persistente lluvia de ese setiembre negro.
Miles de hipótesis.
En esos días fueron apresados por la policía de Tacuarembó 4 ciudadanos brasileños que en sendas camionetas, portaban en freezer acondicionado a tal fin, importante stockde mulitas, perdices y peces de todas las especies.
Era muy común en aquellos días que vinieran brasileros y depredaran vergonzosamente nuestra fauna.
Todos vimos y muy pocos hicieron algo.
Ramón lo hizo, cortó redes, robó trasmallos y espineles y quizás fuera este el principal motivo de la venganza brasilera.
También hay otras versiones. Que los pescadores, gente de río o simplemente "los boteros" no son bien vistos por estancieros.
Lo cierto es que, los brasileros que mencioné arriba recobraron su libertad y partieron a su tierra, sin su carga de presas, pero libres.
Hasta ahí no se sabía de la muerte de Ramón, ni que esas personas, por haber estado por esas horas en la zona (entrarona la estancia que les permitía el acceso hasta el río en la tarde, partiendo por la mañana siguiente).
Eran sospechosos. Solo que la policía se dio cuenta de dicha posibilidad, cuando esta gente hacia varios que estaba Brasil adentro.
Hoy sigue siendo un misterio y su muerte ha quedado impune para siempre.
Las dudas de todos siguen.
De sus amigos, de su familia.
Fueron esos brasileros?
Fueron otros, mandados por otros?
Quizás... Nadie lo determinará ya.
Lo único que queda ahora, es su recuerdo, cuando este próximo 21 de setiembre se cumplan 25 años de su impune muerte y el compromiso que jure cantando... "mientras que no haya justicia, el que no calla soy yo..."
Agosto 2011. EL TIMON (Publicación del SUNTMA/ PIT-CNT
La doctrina del shock tiene cura.
Naomi Klein es una periodista y militante antiglobalización canadiense, que comenzo a estudiar al capitalismo y sus consecuencias en la sociedad, sus investigaciones la llevaron a escribir en 2007 el libro La doctrina del shock, que derivó en el documental del mismo nombre en el año 2009, bajo la dirección de Michael Winterbottom y Mat Whitecross.
Libro y documental toman como punto de partidas las teorías económicas del Premio Nobel de economía Milton Friedman y la Escuela de Chicago, las cuales han alcanzado relevancia en países emergentes (y de los otros tambien) y donde se practica el libre mercado. Este trabajo intenta demostrar como estas teorías no han sido tomadas por los distintos países al rededor del globo por su popularidad, sino que han sido impuestas mediante impactos sociales como las dictaduras o en momentos de impactos naturales. Momentos en los cuales la confusión y conmoción social es tal, que los gobiernos neoliberales, siempre bien asesorados por los llamados "Chicago Boys", tienen carta libre para imponer las reformas mas impopulares posibles con el solo fin de salvar la economía. Desde las el Plan Cóndor al 11 de septiembre de 2001 y desde el Huracán Katrina al Tsunami son situaciones de shock propicias para la aplicación de estas teorías y que han sido sistematicamente utilizadas por quienes manejan los hilos de la economía global para imponer sus modelos de hambre y desigualdad, principalmente en los ahora llamados países emergentes. Dentro de ese paquete salvador que llega desde el Norte se encuentran, la pérdida de libertades individuales, la tortura, la aplicación de políticas para bajar el costo del Estado, donde obviamente se promueve la venta de las empresas públicas y la reducción de personal de las mismas, cambios radicales en la educación y la salud y todo lo que los años noventa nos han dejado en estas latitudes.
El documental, sin mucho preámbulo comienza con la aplicación de la terapia del shock en pacientes psiquiátricos, según estudios del Dr. Cameron, el cual financiado por la CIA, desarrolló un tratamiento por el cual los pacientes eran sometidos a electroshocks con la intención de modificar las personalidades con trastornos y hacer retroceder al paciente a cero, pero sin demasiado éxito en la implantación de la nueva personalidad. A traves de esta terapia, se traza un paralelismo con la aplicación de la tortura como medio extremo para doblegar a los individuos, hasta que se encuentren en condiciones de aceptar nuevas doctrinas, tal como lo demuestran desde los años sesenta la serie de dictaduras militares impuestas desde Langley sobre toda nuestra América Latina. Pero esto es apenas la punta de la madeja que el espectador ira recorriendo, desde el derrocamiento de Allende a la invasión militar de Irak, a medida que Klein va desarrollando su teoría acerca de como, cuando y por que, algunos pocos, los ahora llamados super ricos, necesitaron y necesitan aplicar sistematicamente estas recetas para beneficios de unos pocos privilegiados, mientras millones son excluidos diariamente de sus derechos básicos. Cualquier parecido con la realidad, esta Canadiense se encargará de demostrar que ya no es mera coincidencia. Dejando como esperanza, los cambios políticos que se vienen dando en América de Sur, dejando de lado las políticas de libre mercado.
Como contracara y quizás como una luz de esperanza que aparece luego de las crisis y aunque Klein la relizara junto a Avi Lewis antes de La doctrina del shock, La Toma (The Take) es la razón para creer que existe una alternativa a este modelo económico impuesta a la fuerza por las multinacionales y los gobiernos de turno que las representan. La Toma, cuenta la historia de una fábrica de auto partes, que es recuperada por sus trabajadores dos años después de que el terrible 2001 argentino la cerrara. Acompaña a los protagonistas en el camino de la organización, la creación de una cooperativa, la aplicación de la democracia participativa y la autogestión, la lucha por recupera la dignidad por intermedio del trabajo, las negociaciones con la justicia y los otros ejemplos de empresas recuperadas. Desde allí los directores comienzan un recorrido por otros ejemplos y vivencias que se encuentran recorriendo el mismo camino, la primer empresa recuperada y gestionada por sus empleadas, las empresas donde todos ganan igual y en las que se decidió, entre todos, que existan diferencias salariales respecto de las tareas que cada uno realiza. La presión, el cansancio, el apoyo familiar y la soledad en un mundo que corre diamentralmente opuesto. Estos obreros solo tienen a su favor la esperanza y la necesidad de creer en que su utopía es posible. Dos documentales imprescindibles, que se complementan y retroalimentan uno del otro constantemente, reconociendo que hemos llegado hasta aquí, a la sombra de un modelo que poco a poco ve el ocaso de algo que funcionó para unos pocos y el amanecer de un futuro que solo verá la luz, apoyado en lo colectivo y con la participación de una sociedad comprometida con el cambio.
La doctrina del shock
http://www.youtube.com/watch?v=gP591bZNc0I&feature=related
La Toma
http://www.youtube.com/watch?v=2K8XNrCuuWg
miércoles, 12 de octubre de 2011
Entrevista a Osvaldo Bayer: Etica y socialismo, puntales de una verdadera democracia/Por Conrado Yasenza
Osvaldo Bayer: Etica y socialismo, puntales de una verdadera democracia.
Recibo con gran alegría desde Alemania el siguiente correo:
Don Conrado: gracias, tal vez su paciencia se ha agotado. Mis 84 años me siguen traicionando en cuanto a capacidad de trabajo. Pero le propongo una solución. Regreso el 15 de agosto, es decir, de este mes, a Buenos Aires. Si usted me llama nos encontramos y usted me hace un reportaje en vivo Espero acepte. Un abrazo, Osvaldo
Don Yasenza Paciencia – rimado, me dice – es el apodo que me ha colocado Osvaldo Bayer ante mis solicitudes de una colaboración para la revista. Y a mí me da mucho pudor: El portador de una inmensurable paciencia y generosidad es él.
Volver a El Tugurio, la casa familiar de infancia de Osvaldo Bayer – la autoría del nombre es del inolvidable Osvaldo Soriano, y en la puerta de entrada, del lado que da a la calle, Bayer ha colocado hace años un cartel fileteado en homenaje a Soriano- es siempre una experiencia maravillosa que combina la gran hospitalidad humana de Bayer con la potente imagen sensorial de una casa tomada por los libros, las fotos, entre ellas varias de la “mujer más bella del mundo”, Marlene Dietrich – aquella de El ángel azul –, los retratos y cuadros hechos a Don Osvaldo (es impresionante el que ha pintado su nieta. Impresionante por sus dimensiones y por los detalles de observación sobre la figura de su abuelo, captados y plasmados en el cuadro), y los trofeos recibidos desde el Club de sus amores, Rosario Central, y la Asociación Canaya Latinoamericana – sí, Canaya, como lo escribió el gran Fontanarrosa, puntualiza Bayer.
Nos sentaremos en torno a la pequeña mesa circular de la habitación central, la que contiene los libros en alemán, y Bayer, como lo prometió cuando lo llamé para combinar la entrevista, servirá dos whiskys. Durante un largo rato, y antes de comenzar el reportaje formal, charlamos sobre Soriano y recordamos la famosa anécdota de la discusión en torno al militarismo o religiosidad de sus respectivos clubes: Bayer le dirá a Soriano que el suyo lleva por nombre a un Santo – No es por el Santo, se defiende Soriano; es por el Combate.
- Peor!! – le espeta Bayer – militarista -; y la réplica de Soriano, al otro día, imputará el adminículo con el que los fieles rezan, insignia del equipo de Bayer, a quien debería darle vergüenza, según Soriano.
Estarán presentes también Rodolfo Walsh, Paco Urondo y Haroldo Conti: “Rodolfo Walsh, la generosidad con anteojos, como le decía siempre. Paco Urondo, el poeta aristócrata más socialista que yo he conocido. Haroldo Conti, el poeta del Delta, ¡ Qué poeta! Cuando conversábamos él hablaba siempre del Delta y en sus ojos yo veía correr el río Paraná”Se hace presente el Che y su hermosa respuesta ante la exposición, en una pregunta realizada por Bayer – que no se perdonará nunca-, acerca de las posibilidades de desarrollar en la Argentina una revolución teniendo en cuenta la organización de las fuerzas militares y policiales del país: "Son todos mercenarios", sostendrá el Che con su bella mirada.
Sentada y en silencio, feliz, está Yamila Pérsico, estudiante de Historia, quien me acompaña, y participa, en la entrevista. Yamila no compartirá con nosotros el whisky, que sirvo por segunda vez, y que humedece nuestra boca y garganta para dar inicio a la entrevista.
Por Conrado Yasenza
Participación de Yamila Pérsico
(para La Tecl@ Eñe)
Recibo con gran alegría desde Alemania el siguiente correo:
Don Conrado: gracias, tal vez su paciencia se ha agotado. Mis 84 años me siguen traicionando en cuanto a capacidad de trabajo. Pero le propongo una solución. Regreso el 15 de agosto, es decir, de este mes, a Buenos Aires. Si usted me llama nos encontramos y usted me hace un reportaje en vivo Espero acepte. Un abrazo, Osvaldo
Don Yasenza Paciencia – rimado, me dice – es el apodo que me ha colocado Osvaldo Bayer ante mis solicitudes de una colaboración para la revista. Y a mí me da mucho pudor: El portador de una inmensurable paciencia y generosidad es él.
Volver a El Tugurio, la casa familiar de infancia de Osvaldo Bayer – la autoría del nombre es del inolvidable Osvaldo Soriano, y en la puerta de entrada, del lado que da a la calle, Bayer ha colocado hace años un cartel fileteado en homenaje a Soriano- es siempre una experiencia maravillosa que combina la gran hospitalidad humana de Bayer con la potente imagen sensorial de una casa tomada por los libros, las fotos, entre ellas varias de la “mujer más bella del mundo”, Marlene Dietrich – aquella de El ángel azul –, los retratos y cuadros hechos a Don Osvaldo (es impresionante el que ha pintado su nieta. Impresionante por sus dimensiones y por los detalles de observación sobre la figura de su abuelo, captados y plasmados en el cuadro), y los trofeos recibidos desde el Club de sus amores, Rosario Central, y la Asociación Canaya Latinoamericana – sí, Canaya, como lo escribió el gran Fontanarrosa, puntualiza Bayer.
Nos sentaremos en torno a la pequeña mesa circular de la habitación central, la que contiene los libros en alemán, y Bayer, como lo prometió cuando lo llamé para combinar la entrevista, servirá dos whiskys. Durante un largo rato, y antes de comenzar el reportaje formal, charlamos sobre Soriano y recordamos la famosa anécdota de la discusión en torno al militarismo o religiosidad de sus respectivos clubes: Bayer le dirá a Soriano que el suyo lleva por nombre a un Santo – No es por el Santo, se defiende Soriano; es por el Combate.
- Peor!! – le espeta Bayer – militarista -; y la réplica de Soriano, al otro día, imputará el adminículo con el que los fieles rezan, insignia del equipo de Bayer, a quien debería darle vergüenza, según Soriano.
Estarán presentes también Rodolfo Walsh, Paco Urondo y Haroldo Conti: “Rodolfo Walsh, la generosidad con anteojos, como le decía siempre. Paco Urondo, el poeta aristócrata más socialista que yo he conocido. Haroldo Conti, el poeta del Delta, ¡ Qué poeta! Cuando conversábamos él hablaba siempre del Delta y en sus ojos yo veía correr el río Paraná”Se hace presente el Che y su hermosa respuesta ante la exposición, en una pregunta realizada por Bayer – que no se perdonará nunca-, acerca de las posibilidades de desarrollar en la Argentina una revolución teniendo en cuenta la organización de las fuerzas militares y policiales del país: "Son todos mercenarios", sostendrá el Che con su bella mirada.
Sentada y en silencio, feliz, está Yamila Pérsico, estudiante de Historia, quien me acompaña, y participa, en la entrevista. Yamila no compartirá con nosotros el whisky, que sirvo por segunda vez, y que humedece nuestra boca y garganta para dar inicio a la entrevista.
Por Conrado Yasenza
Participación de Yamila Pérsico
(para La Tecl@ Eñe)
Fotos tomadas durante la entrevista
- Conrado Yasenza: Aprovechando que recientemente Ud. volvió de Alemania quería preguntarle que análisis hace de lo que está pasando en Europa, en particular en España con los indignados, en Inglaterra con esa situación de rebeldía y manifestación popular que rememora lo vivido en el 2001 en la Argentina
- Osvaldo Bayer: Se ha desarrollado una situación donde realmente se justifican todos los argumentos de aquellos que señalan que el capitalismo jamás puede ordenar una economía mundial, que siempre va a haber estas sorpresas, que siempre va a haber esta tragedia que significa para la humanidad la gente sin trabajo. En España, por ejemplo, el 40% de los jóvenes no tiene trabajo, lo dicen las mismas estadísticas españolas, y es algo increíble en una nación con tanta experiencia económica, que ha vivido pasos hacia delante y hacia atrás producidos por el capitalismo. Pero no solamente en España, también Portugal y Grecia viven una situación dificilísima. Inglaterra, también, lo hemos visto en estos días. Que en Gran Bretaña, el país de los derechos y la democracia, se recomiende ahora el gatillo fácil, la represión, que caigan allí cuatro manifestantes muertos y se aplique el palo directamente a la cabeza, es un realidad terrible. Francia y Alemania son los países que están mejor, pero Alemania se niega directamente a sostener a otros países del Mercado Común Europeo. Dinamarca ya ha tomado un distanciamiento y ahora está todo en duda acerca de este gran paso que fue el Mercado Común Europeo. Y la duda, y la sospecha, sobre si la realidad económica del capitalismo, así como se desarrolló en estos tiempos, puede a seguir adelante. También el miedo de la gente a la inflación; esto es tan irónico que ahora la gente compra oro, parece la época de la conquista española. Todo esto nos ha llamado a la reflexión, principalmente a los partidos socialistas que realmente han colaborado con el capitalismo últimamente, que no ha hecho absolutamente nada con respecto al socialismo, bueno, digo que nos ha hecho pensar y entrar en el gran debate que tiene que ser la regulación de todo, la regulación por parte del Estado, o de las corporaciones que representan a los sectores sindicales, la industria y el comercio y otros sectores de la población. El socialismo es la regulación y no hay que tener temor a la regulación, no hay que tener temor al socialismo, es la única manera de conseguir realmente una regulación y una sociedad más justa.
- CY: ¿Con qué idea de socialismo está elaborando sus pensamientos?
- OB: Con un socialismo aceptado por todos los sectores, con un socialismo en libertad, donde las decisiones se tomen en asambleas, y con la gran paciencia que tienen que tener las poblaciones También con la enseñanza, la pedagogía para llegar a una solución. Primero sin desocupados; segundo, sin hambre. Y tercero, con la representación de todos los sectores de la población. Esa es la única manera racional, todo lo demás es irracional. Y por sobre todas las cosas, sin ninguna dictadura.
- CY: Alguien que venga de la izquierda dura, ortodoxa, le diría que es puro reformismo.
- OB: Si pero es un reformismo que va hacia delante, y ¿por qué no? Reformismo en el sentido de promover las cooperativas y eso es esencial. Si eso es reformismo también es democratización. Todos tienen derecho a hablar, todos tienen derecho a una opinión, y que sea la mayoría la que vaya imponiendo los experimentos que hay que hacer, con la paciencia que tiene que tener la humanidad de esperar que se resuelva problema esenciales, y no con la ansiedad para que mañana ya esté solucionado, como buscan las dictaduras y el capitalismo, para después caer en la realidad actual. Y otra cosa importante es la ecología, el cuidado de la naturaleza. Es otra de las cosas que tiene que tener en cuenta nuestra economía. No solamente el vivir bien, el vivir sin problemas, sino el cuidado de la naturaleza para las próximas generaciones.
-CY: Es complicado ese aspecto para sociedades de consumo, de productividad e industrialización.
- OB: Sí, es complicado. Pero lo más irracional es ver cada vez automóviles más veloces, más potentes, en lugar de regular un solo automóvil familiar que consuma la menor cantidad de combustible. Es importante también fomentar el transporte colectivo, el ferrocarril, volver al tranvía. Es decir aprender de lo que nos enseñaron los pueblos originarios, el estar y no el ser. Estamos, entonces tenemos que cuidar para conservar al planeta de todos los peligros. Hay que aumentar el gasto en ciencia para tratar de entender de dónde venimos, qué somos, y para tratar de resolver los dolorosos problemas de la humanidad, como el hambre y la pobreza.
- CY. He estado leyendo algunas declaraciones de economistas que han sido funcionarios del Banco Mundial, como Joseph Stiglitz, que sostienen que la situación económica mundial es una crisis del capitalismo bastante seria. ¿Cree Ud. que esta crisis mundial es un cambio de paradigma?
- OB: Mire, viendo la historia del mundo uno tendría que ser pesimista, pero también uno tiene que seguir realmente con las utopías adelante, porque si no estaría todo perdido, nos quedaría la resignación, ponernos de rodillas y orar al Señor para que tenga caridad con nosotros. Hay que seguir defendiendo teorías que lleven a la igualdad aceptada por todos, una gran cualidad de la ética. La ética tiene que ser nuestra verdadera religión, es lo que nos puede llevar adelante, el respeto a la vida, acabar con los ejércitos, acabar con el armamentismo, dedicar todo ese dinero a la ciencia. La ética y la ciencia son las que nos pueden salvar.
- CY: Observando el panorama internacional actual, donde hay desocupación, donde hay gente indignada en la calle, donde hay protestas sociales, saqueos, ¿cómo ve el panorama actual de nuestro país?
- OB: Veo que ante la opción que teníamos el pueblo supo elegir. Este gobierno está haciendo algunas cosas que los partidos que salieron en segundo lugar nunca han sido capaces de hacer. Es decir, ni el peronismo de derecha ni el radicalismo. Hay otro que está asomando y que es el socialismo santafecino liderado por Hermes Binner, muy amigo mío y proveniente como yo de las colonias alemanas del norte santafecino. Yo siempre le recomendé no hacer alianzas, sino seguir siempre con su línea socialista. No me ha llevado mucho el apunte pero de todas maneras está saliendo a la superficie como algo para el porvenir, para el futuro.
- CY: ¿Qué cosas positivas ve de este gobierno?
- OB: Bueno, la política de derechos humanos, el juzgamiento de los militares, por ejemplo. En eso el gobierno ha tenido un gran coraje porque los demás no han sido capaces de hacerlo. Y después lo que ha hecho con la recuparecaión de las cajas de jubilación que volvieron al Estado, y que no permitieron que siguiera adelante el negociado que se hacían con las AFJP. También lo que se hizo con la Ley de Medios, que tiene que ser más fundamental, más profunda, porque la comunicación tiene que ser de derecho público y no tiene que ser privada. Yo tuve la experiencia en Alemania: la televisión, cuando yo llegué, era de derecho público, es decir, que estaba integrada por representantes de organismos públicos, como por ejemplo la CGT alemana, como la organización de mujeres alemanas; también, la representación de todas las Iglesias, es decir gente que representa a sectores públicos en un 50%. Y el otro 50% integrado por los representantes de los partidos políticos que formaban el Parlamento. Ese cuerpo elegía un director del canal de televisión que estaba obligado a traer la opinión de todos los sectores públicos, y la verdad que yo vi la mejor televisión que he visto en mi vida. Eran dos canales nacionales y un canal por provincia, nada más. Luego, cuando subió la Democracia Cristiana, desgraciadamente democratizo esto, y además de los canales de derecho público permitió los canales privados, y de 10 canales ahora hay ciento y pico donde la pornografía se puede ver a cualquier hora y en cualquiera de los canales privados. Pero igual, los más vistos son aquellos de derecho público, porque, por ejemplo, el primer canal es casi todo de temas culturales y sociales.
- CY: En ese sentido ¿como ve la Televisión Pública en nuestro país?
- OB: Como un paso adelante también porque es bastante cultural. Antes, en otros tiempos y gobiernos, jamás me habían llamado, y ahora me invitaron de Canal Encuentro, me han hecho reportajes en Canal 7. Evidentemente están comprometidos en traer una información de otros sectores políticos o ideológicos que antes no teníamos ninguna cabida. Pero realmente hay que terminar con el dominio de los emporios privados, como Clarín, por eso me parece muy bien la Ley de Medios. Pero se tiene que llevar adelante, impulsarla, no dejar que quede paralizada como lo hizo y hace la llamada Justicia Argentina. Insisto, tiene que ser de derecho público y los canales y las radios deben ser de los representantes de los diversos sectores de la población y no de canales privados. Eso es la verdadera democracia. Por ejemplo, a mí me parece muy bien que el Sindicato de la Construcción tenga un canal con sus temas, que la Sociedad Argentina de Escritores tenga un canal para que difunda su cultura; que la Asociación de músicos tenga el suyo. Es decir, que sean representativos de los sectores que forman la sociedad argentina, y no del Sr. ó la Sra. tal.
- CY: ¿Así se profundizaría para Usted la Ley de Medios?
- OB: Sí, y no hay que negarse a eso.
- CY: ¿Y los puntos que le parecen negativos de este gobierno?
- OB: Primero, se ha hecho muy poco para la eliminación de las villas miserias, y siempre sostengo y lo he sostenido en todas las conferencias que he dado, aún invitado desde el gobierno, que mientras haya villas miserias verdaderamente no hay democracia en el país, porque la democracia no es sólo poner el papelito en la urna cada dos años; democracia es que todos tengan derecho al pan y al techo, principalmente las familias con hijos. Todavía las estadísticas oficiales muestran que aún hay niños que mueren de hambre, es una cifra muy reducida comparado con otros países Latinoamericanos, pero existen. Después falta resolver el problema de los pueblos originarios, hay que devolverle sus tierras comunitarias, y no como ha pasado que por ejemplo Benetton se compra dos millones de hectáreas sin conocer la Argentina echando a la familia mapuche Curiñanco-Nahuelquir de su lugar, donde tenían 800 hectáreas, porque también quería esas tierras. Eso no puede suceder como tampoco lo que se ha hecho con los quon en Formosa. Es decir, el derecho a la existencia y el derecho a lo que tenían ellos, por supuesto reducido a la cantidad de comunidades y gente que tienen ahora.
Hay que promover las cooperativas desde el Estado y entrar poco a poco en un socialismo que no tiene que ser mala palabra sino el significado de la verdadera democracia. A todos la misma oportunidad y el derecho a vivir una vida digna.
- CY: En relación a la ampliación de derechos que combatan la desigualdad social, el hambre y la miseria, ¿cuál es su valoración de la Asignación Universal por hijo?
- OB: Bueno, la Asignación Universal por Hijo me parece realmente muy bien, y tiene que defenderse.
- CY: Los medios hegemónicos y algunos de sus voceros han dicho que es una medida populista.
- OB: ¡Cómo va a ser populismo. El que ha sido padre sabe lo bien que le viene la asignación por hijo! Hay que defenderlo ya que impacta en la reducción del hambre y la miseria.
- CY: Han ido más allá y han manifestado también que es una medida que genera vagos ya que la gente al cobrarla no quiere trabajar.
- OB: Ese es el argumento de los conservadores. Yo me acuerdo que en la década del ’30, cuando yo era chico, mi padre nos llevo a Puerto Nuevo a ver las viviendas que se habían hecho los desocupados. En ese momento había una gran desocupación y en Puerto Nuevo la gente se había hecho chozas y se visitaban porque mientras no tenían trabajo hacían artesanías y las vendían, y mi padre, que era un gran socialista, fue a ver cómo vivía esa gente cuyas viviendas eran un lujo comparadas con las de las villas miserias de ahora. Eran casas de madera pero con dignidad. Y por supuesto los conservadores decían que ahí se juntaban los vagos.
Es el argumento de ellos frente a la asignación como así también ante las jubilaciones. Porque la jubilación fue una lucha de los sindicatos durante muchísimos años, y también se decía que servían para mantener vagos. Para ellos la gente tenía que trabajar hasta que se moría.
Lo mismo pasó con las ocho horas de trabajo; los conservadores decían: ¿qué van a hacer después? ¿Van a jugar a los naipes? Ese fue siempre el argumento de los conservadores ante cada conquista de los trabajadores. El racionalismo va a vencer frente a esas posturas.
- CY: A los gobiernos de la región como el de Bolivia, Paraguay, Venezuela, se los ha acusado de ser gobiernos populistas en un sentido despectivo. ¿Cómo definiría Usted el populismo?
- OB: La verdadera definición de populismo se expresa cuando hay gobernantes que hablan un lenguaje obrero, prometen cosas pero mantienen el capitalismo, como ha hecho el peronismo. Nadie puede negar que hubo mejoras, hubo leyes obreras. Para nosotros los periodistas, el estatuto del periodista fue una conquista lograda por el peronismo. Entonces, ese estatuto nos da cierta seguridad porque si nos echan nos tienen que dar un sueldo por año trabajado. Son pasos adelante pero manteniendo el sistema capitalista. Eso sería el populismo: Mantener el sistema pero ganar al pueblo con beneficios y medidas pequeñas o de importancia, y legales.
-CY: ¿Y esta etapa sería populista?
- OB: Es populista, claro
- CY: ¿Positiva o peyorativamente?
- OB: Peyorativa desde el punto de vista de los socialistas, que quieren un verdadero socialismo con una administración justa para todos. El populismo no es justo porque no ha eliminado jamás una villa miseria, no ha eliminado la desocupación de la gente ni ha tratado el tema de los pueblos originarios. Es un paso adelante pero no llega a conformar, no trae la paz eterna como querían esos socialistas talentosos que lo buscaban sin violencia, sin dictaduras del proletariado.
- CY: Usted habló, en otro tramo de la entrevista, de la distribución de las tierras, del acceso equitativo a las tierras. ¿Cómo observa o analiza los acontecimientos ocurridos en Libertador Gral. San Martín, en tierras del Ingenio Ledesma pertenecientes a los Blaquier? Allí se ocuparon esas tierras reclamando un espacio donde vivir, reclamando el derecho a la tierra y la vivienda, que en la zona está en manos de latifundistas.
CY: Yamila Pérsico está trabajando justamente sobre este tema y tiene preguntas para hacerle, Bayer
- Yamila Pérsico: Estoy haciendo un trabajo de investigación sobre la Semana trágica y quería preguntarle si los acontecimientos sucedidos durante la Semana Trágica dieron pie o motivaron a los obreros de la Patagonia para organizar el levantamiento que llevaron a cabo o si fue algo que se venía gestando con anterioridad a esos acontecimientos?
- OB: Sin ninguna duda ambos acontecimientos, y también los hechos de La Forestal, se debieron a un clima mundial que se vivía en la época. La Revolución rusa tuvo un eco en todos los países del mundo y muchos obreros creyeron que había llegado el momento de hacer la revolución. En un principio los anarquistas pero también los socialistas del Partido Internacional que se dividieron del Partido Socialista y tomaron una línea marxista. Fue ese el idioma que se hablaba en aquel tiempo, y fue la lucha también por las ocho horas de trabajo.
Por ejemplo, en la Semana Trágica es increíble que los metalúrgicos todavía trabajaran 10 horas cuando los panaderos hacía más de 20 años que habían conseguido las ocho horas de trabajo como también otros gremios. Entonces se dio todo realmente resuelto por asambleas, fue una cosa democrática. Y la Semana Trágica fue la gran tragedia que originó Irigoyen, y los radicales nunca hicieron ninguna autocrítica al respecto, porque Irigoyen no solamente ordena la represión por la policía sino también después por el ejercito. Fue una verdadera masacre lo de la Semana Trágica por no hablar de la Patagonia. Los trabajadores de la Patagonia no exigían tierras sino mejores condiciones de trabajo. Si uno ve lo que exigían y lo compara con lo que tienen hoy en el estatuto del peón, realmente no era nada lo que pedían democráticamente y reunidos en asamblea. En vez de discutir y dar y avanzar un poco se los reprimió salvajemente.
Es algo que nunca se debatió en el Congreso Nacional y que yo he exigido. El Partido Radical tiene que hacer un Congreso de historiadores y hacerse una autocrítica y decir por fin que fue una gran equivocación del presidente Irigoyen. Esto también lo digo para el partido Peronista que debe hacer una autocrítica con respecto a la Triple A, ya que es un acontecimiento histórico que no tiene ninguna justificación y que comenzó con el último gobierno de Perón y continuó con el de Isabel Martínez. Hay que analizar como pudo tener tanta influencia un hombre tan nefasto como López Rega.
Hay hechos históricos que hay que debatir, pero se eligió cubrir, tapar. Por eso yo estoy muy agradecido con los cineastas Fernando Olivera y Enrique Ayala que me propusieron hacer un film La Patagonia Rebelde. Este hecho histórico se difundió a través del cine porque la película pudo llegar a todos los sectores populares a los que a lo mejor un libro no llega. Mi libro fue leído por intelectuales, estudiantes y demás, pero la película llegó al pueblo. Y por eso fui prohibido por el gobierno de Isabel Martínez de Perón, y yo, como autor, tuve que irme del país porque salí en la lista de la Triple A como condenado a muerte, dándome 48 horas para salir del país. Todas estas cosas hacen a la historia pero finalmente la ética triunfa. Pueden pasar décadas o siglos pero finalmente triunfa. Hay que tener confianza. Y esos héroes populares, esos obreros que salieron a la calle a pedir 8 horas de trabajo o aquellos peones rurales que salieron a exigir mejores condiciones de trabajo, esos van a pasar a la historia. Yo hoy estoy contento porque ahora en Santa Cruz esos lideres gremiales, que fueron fusilados por el gobierno de Irigoyen, u otros que lograron salvar la vida, tienen sus monumentos. Las tumbas de los fusilados están todas marcadas; es hermoso llegar al camino que va a Puerto Deseado y ver allí de pronto el monumento a Facón Grande, el gaucho entrerriano, que no era peón, tenía una tropa de carros, pero que salió en defensa de los peones porque dijo: es justo lo que exigen , y fue fusilado por el ejército argentino. También Antonio Soto que tiene en Río Gallegos una calle con su nombre. o Ramón Urtideo, un gallego dirigente de Puerto Santa Cruz. O Albino Argüelles, el porteño que fue a Santa Cruz a defenderlos y fue fusilado también en Puerto San Julián donde hoy tiene un monumento. Así se ve como la ética triunfa finalmente en la historia. En cambio, de los represores no hay absolutamente nada. Del Teniente Coronel Varela, el gran fusilador, no hay ni siquiera un excusado en el baño de una escuela. Y debo decir, hasta hace poco en el Panteón Militar, en la tumba de Varela, había una sola placa que decía: La Comunidad Británica de Santa Cruz muy agradecida al Teniente coronel Varela que cumplió con su deber. Era la única placa, los estancieros le hicieron el homenaje. Ahora los militares la sacaron porque era muy peligroso y le pusieron Muerto por la Patria o algo por el estilo como hacen ellos.
-YP: ¿Y en el caso de los obreros cómo se organizaban y cómo reaccionaron?
- OB: Fue increíble la disciplina y la fe de esas peonadas rurales que nunca habían tenido asambleas ni habían sabido que era un sindicato pero que supieron que tenían derecho a tener una mejor vida, como por ejemplo, cuando pidieron permitir a las mujeres vivir en las estancias porque no se podía. Los estancieros ingleses sólo querían hombres solteros. Fue el espontaneísmo de las masas, que cuando ven que hay justicia y que en otros lados ya se han obtenido conquistas, reaccionan y se organizan. Y en esas enormes extensiones que tiene la Patagonia se realizaron las asambleas recorriendo a caballo centenares de kilómetros. Es heroico, es épico, y por eso en la provincia ese orgullo se enseña, es el capitulo histórico que más se enseña en las Universidades patagónicas.
- YP: ¿Y cómo se viven estos hechos en el resto de la sociedad?
- OB: Yo lo viví cuando se estrenó la película: la gente aplaudía, se paraba; hasta yo corrí peligro porque por falta de actores tuve que hacer de estanciero inglés y cuando yo lo felicito al actor Héctor Alterio que personifica a Varela, la gente del público se paraba, me gritaba y me insultaba. Lo mismo le ocurrió a Olivera que también actúo en el film; la gente nos veía y creía que todo era verdad y temimos que nos lincharan. Así que en el cine, cuando nos miraban e insultaban, en términos lunfardos, rajábamos. Fue un impacto ese film, y por eso fue prohibida un 12 de octubre durante el gobierno de Isabel Martínez
-YP: ¿Qué precedente histórico dejan los acontecimientos de la Patagonia rebelde para la historia del movimiento obrero?
- OB: Sienta las base para decir cuanto costó todas esas leyes obreras que luego se fueron consiguiendo y que sentido del sacrificio tuvieron esos primeros dirigentes obreros, que no cobraban un sueldo, iban a trabajar y después del trabajo iban al sindicato Las asambleas se hacían después de las horas de trabajo. Demostraron cuanto espíritu de sacrificio tuvieron los obreros para conseguir esas primeras leyes por ejemplo las ocho horas de trabajo que costó esa enorme represión de la Semana trágica, amén de otras represiones como las del 1° de mayo de 1909 del Coronel Falcón otro asesino. Demostraron que todo se puede conseguir con enorme sacrificio pero también con sentido democrático, el sentido democrático que deben tener los dirigentes obreros, como digo yo nunca más de cuatro años en el ejercicio. Yo fui Secretario General del Sindicato de Prensa, fui reelecto a los dos años y a los cuatro años renuncié y me fui a trabajar de nuevo a mi lugar de trabajo. Creo que hay que tener un sentido comunitario, la burocracia no premia y finalmente se ven los resultados . Y la historia desprecia a los burócratas .
- CY: Pasando nuevamente al plano nacional, me gustaría saber, porque Usted mencionó dos o tres veces al peronismo, ¿si el Kirchnerismo en sus dos etapas, primero con Néstor Kirchner y ahora con Cristina Fernández de Kirchner, es una instancia superadora del peronismo o sigue dentro de la órbita de lo que es la estructura partidaria del Partido Justicialista?
- OB: No, está dentro demostrando que supera al peronismo burocrático. Porque peronismo es todo, lo ha demostrado Menem, que también era peronista y fue el presidente más ultra-conservador, ”liberal”o capitalista de toda la historia argentina. Superó hasta las dictaduras militares en cuanto al plan económico, y esto lo hizo un peronista. Y ese peronismo menemista que ha seguido Duhalde, y que siguen otros también burócratas partidarios, está siendo superado.
El kirchnerismo parte del peronismo pero está marcando una nueva línea a la que ya se la puede llamar Kirchnerismo, que es una especie de populismo que marcha hacia el socialismo. Ojalá que se siga en ese rumbo, que sería una solución para este país que tiene tantas fuentes de trabajo y tanta riqueza, y para lo cual tiene que desprenderse todavía de mucho burocratismo que tiene el sindicalismo. También de algunas esferas de corrupción.
Hay que decirlo, yo sé que esto no gusta, pero es necesario. Ojalá vayamos avanzando, erradicando las villas miserias y el hambre para alcanzar una verdadera democracia. Que todos tengan trabajo, un techo, que no muera un niño por hambre y que se le devuelvan los derechos a los pueblos originarios, que siempre le han sido negados.
- CY: ¿Y cuáles serían esos nichos de corrupción?
- OB: El aceptar a gente como Hugo Moyano. Se necesitaría hacer una investigación sobre la forma de vida de los dirigentes sindicales. El dirigente sindical no tiene que tener más que el sueldo que le corresponde al trabajo que ha ejercido, y que mientras tenga licencia gremial se le pague, pero nada más que ese sueldo. No tener otra cosa para dar realmente confianza de que representa a los trabajadores siendo un trabajador más. Y también con respecto al capitalismo, cada vez más el Estado debe ayudar a las cooperativas. Las cooperativas argentinas han demostrado que son capaces de hacerlo. Zanon y sus trabajadores, es un ejemplo; no tiene patrón, todos trabajan y cobran igual, hacen el mismo producto que fabricaban cuando era una empresa y lo venden más barato. Esto nos demuestra que el futuro es la cooperativa, porque la cooperativa trae la paz y no el odio hacia esta sociedad.
- CY: Voy a tomar prestada una idea de Horacio González, quién propuso en un programa de televisión que teniendo en cuenta la muy buena elección de Hermes Binner, el dialogo natural que debía encarar el gobierno nacional es hacia ese lugar, hacia el socialismo.
- OB: A mí me parece magnifico. En mi provincia natal, mi querida Santa Fe, el primer gobernador socialista que ha tenido la Argentina fue Binner. Y en Rosario, que siempre ha sido peronista, fue el primer intendente socialista en una ciudad argentina. Ojalá se llegue a una coalición de Cristina Fernández con Hermes Binner.
- CY: En otro plano, Usted tuvo y tiene una relación histórica con las Madres de Plaza de Mayo, con Hebe de Bonafini. El café literario de la primigenia Universidad Popular de las Madres lleva el nombre de Café Literario Osvaldo Bayer. Teniendo en cuenta este vínculo estrecho y también que usted ha sido un defensor público de las Madres ¿Cómo vivió el caso Shocklender?
- OB: Fue muy doloroso porque yo conocí a las Madres en el tiempo de su lucha, cuando por ejemplo llegaron a Alemania, María Adela Gard de Antokoletz y Hebe de Bonafini. El viaje se lo había pagado la Iglesia Luterana Alemana y cuando llegaron a Berlín, la ciudad donde yo vivía, les querían pagar un hotel Cinco Estrellas y ellas dijeron no, vamos a pasar estos días donde vive Osvaldo Bayer. Y vinieron al barrio reo de Kreuzberg, y alli conversamos largamente. Para mí esas son las Madres de Plaza de Mayo. Y siempre voy a recordar ese hecho absolutamente heroico, que cuando desaparecieron las tres primeras madres encabezadas por Azucena Villaflor, que después se supo que fueron arrojadas vivas desde aviones al Río de La Plata desde la Esma, al jueves siguientes todas estaban en la Plaza de Mayo a pesar que esas tres madres habían sido secuestradas y corrían el mismo peligro. Pero allí estuvieron y no faltaron ningún jueves. En la historia del mundo hay pocos hechos de tanto coraje cívico y lo hicieron nuestras mujeres, y eso hay que resaltarlo. Ahora, lo que hizo después el señor Schoklender y toda esa propaganda en los diarios Clarín y La Nación, para mí no tiene ninguna importancia ni sentido. Para mí las Madres valen en esos años en que se logró la democracia. Fueron ellas y su espíritu que recorrió el mundo lo que hizo cambiar y lo que hizo caer también a la dictadura militar. Si hoy tenemos democracia en gran parte se lo debemos a la lucha de las madres de plaza de mayo. Y para mí eso es lo que va a valer siempre. Lo demás no cuenta.
- CY: Para finalizar esta inolvidable conversación, ¿Cuál es a sus jóvenes 84 años, su deseo personal y su deseo colectivo?
- OB: Mi deseo personal es un sueño que ya no puede realizarse: Volver a vivir a mi casa en Martínez. Volvería a Martínez con mis 4 hijos y mis 10 nietos, cosa que ya no será posible porque el exilió nunca nos dividió pero nos separó en el sentido del lugar donde vivimos.
Y con respecto a lo político, ver un horizonte del socialismo en libertad, que es demostrar generosidad. Querer un socialismo en libertad quiere decir ser generoso, convivir, dar la mano, ver sonreír a todos los niños y no que nos pongan la mano dobladita pidiendo algo.
Conrado Yasenza
Agosto de 2011-08-28
Con la colaboración de Yamila Pérsico.
Semblanza de Paco Urondo.
Yo trabajé con Paco dos años en la redacción del diario Clarín cuando estaba Noble. Compartía el mismo escritorio. Un día, después de trabajar, le digo: bueno terminemos vamos a comer algo al boliche de la esquina, pero Paco era un gentleman y me dijo: yo no como en boliches sino en restaurantes de primera categoría. Era un revolucionario pero a la hora de comer, comía como un señor.
Era un aristócrata de la revolución.
Era un poeta, un hombre que amaba la vida, que también amaba a las mujeres, y siempre estuvo con el pueblo y no dicho en forma demagógica, siempre se interesó por los problemas que veía a diario como periodista. Nosotros tuvimos ese período donde trabajábamos para el periodismo burgués, para denominarlo de alguna manera, en el diario Clarín, para ver las diferencias y después, por supuesto, tomamos el otro camino.
Era excelente, era un señor, era un aristócrata de las ideas; cuando podía tomaba el vino de mejor calidad pero sus libros, y los que leía, tenían siempre que ver con la revolución socialista. Es increíble. Un aristócrata de la vida, porque le gustaba vestir bien, muy pintón él, pero al mismo tiempo estaba con los de abajo, y dio la vida; y !que valentía, que coraje civil!
- CY: Lo que no se explica es como tipos tan brillantes como Rodolfo Walsh y Paco hayan aceptado la conducción de tipos tan mediocres como Firmenich.
- OB: Yo recuerdo que discutí tanto con Rodolfo, y la última vez que lo ví le dije: Yo no sé como vos que tuviste como yo la experiencia del primer peronismo en la Facultad de Filosofía, donde Perón entregó la Facultad a la iglesia católica de ultra derecha, y donde lo único que aprendíamos era a Santo Tomás de Aquino, te hiciste peronista, y el me contestó: No te equivoques yo no soy peronista, yo soy marxista, ¿pero donde está el pueblo?Yo le contesté: sí, el pueblo es peronista, pero no es revolucionario y no los va a acompañar . Y él me dijo: Ya vamos a ver. ¡Que hermosa respuesta!
Entrevista realizada en El Tugurio, el 23 de Agosto de 2011 por Conrado Yasenza y con la participación de Yamila Pérsico.
- OB: Yo recuerdo que discutí tanto con Rodolfo, y la última vez que lo ví le dije: Yo no sé como vos que tuviste como yo la experiencia del primer peronismo en la Facultad de Filosofía, donde Perón entregó la Facultad a la iglesia católica de ultra derecha, y donde lo único que aprendíamos era a Santo Tomás de Aquino, te hiciste peronista, y el me contestó: No te equivoques yo no soy peronista, yo soy marxista, ¿pero donde está el pueblo?Yo le contesté: sí, el pueblo es peronista, pero no es revolucionario y no los va a acompañar . Y él me dijo: Ya vamos a ver. ¡Que hermosa respuesta!
Entrevista realizada en El Tugurio, el 23 de Agosto de 2011 por Conrado Yasenza y con la participación de Yamila Pérsico.
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